lunes, 17 de noviembre de 2008

MARÍA AEJANDRA ESPINOSA MORENO


Tunja (Colombia, Marzo 26 de 1984)

Recibe su título como Realizadora de Cine y Televisión de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, en agosto de 2006, donde cursó la Línea de Profundización en Guión para Largometraje. De octubre de 2007 a junio de 2008 realizó el Máster Iberoamericano en Guión de Cine de la Fundación de la C.V. para la Investigación del Audiovisual – Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Valencia (España) para el cual obtuvo una beca de Ibermedia. Se ha desempeñado en el campo de la producción y guión de cortometrajes y documentales, así como en el montaje y postproducción audiovisual. Entre sus obras se encuentran:

"El viaje del Escritor" (2008) guión para largometraje.
"Dos Manzanas" (2007) guión para cortometraje.
"Antes/Después" (2006) cortometraje: guión, producción y montaje.
"La noche" (2005) guión para largometraje.
"El último chance" (2004) unitario para televisión: asistencia de dirección y montaje.
"Con los pies en la tierra" (2003) documental: dirección, producción y montaje.
"El día siguiente" (2003) cortometraje: producción general.
"Mi mamá me mima, mi papá me amaciza..." (2002) cortometraje: guión, dirección, producción, montaje.
Ver: http://alejandra-es.blogspot.com/

INUNDACIÓN

"Los amantes" - René Magritte


Ella es una flor agria que no me atrevo a tocar por miedo a quedarme con su olor esparcido por toda la piel.

Él, como un sapito, me mira con sus ojos brillantes como un amanecer en Tánger, como un atardecer visto desde el techo de su casa.

Las gotas de lluvia golpeaban el tejado, rebotaban en las cornisas, resbalaban como lágrimas por los vidrios. Una gota de café jugueteaba en la barba de él; una gota de cera se desprendía de la vela; una gota de sudor recorría la espalda de alguno de los dos -tal vez de ambos-.

El fuego se extendió por todo el cuarto calentando los pies congelados de ella, derritiendo la existencia de él, inundando la noche de deseo. La luna menguante se asomó por la ventana y justo allí el universo se detuvo por un instante eterno para que ellos dos pudieran amarse.

Mis dedos se enredan en cada recoveco de su cuerpo, esculcan entre sus costillas, cuentan una a una todas sus vértebras, se esconden entre sus axilas, hasta que él se desliza por mi piel y se abraza a mi cintura.

Después de contemplar su sonrisa le doy un mordisco en el borde de su pelvis, me recuesto lentamente apoyando la cabeza sobre su vientre y a través del ojo de su ombligo veo la semilla que he plantado en ella.

No sabía si era el vaivén de su propia respiración o el movimiento cadencioso de la hamaca que bailaba al ritmo de un bolero lo que hizo que el sueño se posara sobre sus párpados que parecían de papel. A lo mejor era ese sorbo de licor que había bebido del centro de sus caderas y que se había quedado prendido a su bigote y su barba que ahora, sin darse cuenta, se relamía como un gato adormecido.

Ella lo envolvía con sus piernas haciéndolo sumergirse en lo más profundo de su existencia y ella misma se sumergía también en el plácido sueño, abrigada por la brasa que se mantenía viva en la piel de su amante.

Siempre me quedo…

La calle se despertó con los ladridos de un caminante tembloroso de cuyo pelaje aún escurrían gotas de color charquito. El sol se asomó -primero tímidamente, luego en todo su esplendor-, dibujando las sombras de los transeúntes y pintando el asfalto de tonos naranjas y amarillos. Ella se vistió, andando de un lado a otro, siguiendo el rastro de las prendas esparcidas por el suelo. Él le dio un beso; con la sonrisa camuflada bajo la barba, se quedó en el portal mirándola mientras caminaba abriéndose paso entre la gente y no cerró la puerta sino hasta cuando la sombra de aquella mujer se desvaneció para correr tras los pasos apresurados de su dueña.

La espero así nunca vuelva…

Algunas veces aparece el sol radiante. Otras, las nubes grises también se dejan ver y con cada gota nace un pedacito de pasado en la memoria.

Un día pasado por agua, él sintió su aroma de flor agria. La vio andar en medio de la gente, lidiando con su vieja sombrilla negra que parecía bailar con el viento y se quedó mirándola sin que ella se diera cuenta. Se sintió observada; sólo supo que era él cuando su teléfono vibró y en la pantalla apareció el texto: “La lluvia y tu recuerdo mojaron mi alma”. Entonces levantó la vista y se estrelló con los ojos de sapito del hombre que amaba.

La lluvia no cesó pero un rayo de sol inventó un enorme arco-iris que como una sonrisa se extendió por toda la plaza, coloreando los besos que se posaron en las bocas de este par de amantes.